En Jaumave siguen velando a los difuntos en sus casas

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En el municipio de Jaumave – las funerarias son escasas a decir solo una la de los “ROCHAS”; la gente por lo general vela y llora a sus muertos en el hogar donde habían vivido. Vecinos y amigos acuden con la tristeza reflejada en sus rostros a acompañar a los deudos, vestidos sencillamente de “luto”, sin anteojos negros que ocultaran las lágrimas y el dolor, para darle el “pésame” a los dolientes. – lo convencional que se dice en estos penosos casos (Te “acompaño en su sentimiento”, “resignación”, etc.). Normalmente cuando mueren adultos mayores se hace el duelo fúnebre en los hogares, no así de los más jóvenes que han recibido la transculturación de las grandes urbes y por consiguiente estos acuden a solicitar los servicios de la funeraria.

Es importante destacar que la esposa o el esposo, hijos y demás familiares demostraban la solidaridad. Se apoyaba con café y bebidas alcohólicas que son imprescindibles cuando se vela al que se adelantó en el viaje sin retorno.

Una vez que se lleva el féretro a la iglesia para que párroco en caso de ser católico le dé la despedida terrenal. Para luego enfilarse al cementerio a donde va mucha gente en vehículos, incluso caminando a caballo detrás del carro fúnebre según las costumbres que haya tenido el difunto.

Podemos decir que, en la funeraria, que generalmente usan las clases media y alta, la forma de velar es distinta. La gente va a “cumplir”, no a “sentir” el dolor de los parientes del difunto o la difunta; aunque la ropa sea negra al igual que los espejuelos, es como una pasarela propia de un desfile de modas. La vanidad vestida de negro y blanco muestra sus mejores galas.
El morbo siempre presente la gente “cumple”; se acerca al féretro, mira al difunto, observa como lo vistieron y maquillaron, mira las coronas a su alrededor, finge, sale rápidamente de la capilla y se detiene a conversar amenamente sobre temas diversos que nada tienen que ver con el cadáver. Se habla de negocios, política. Se renuevan afectos y desafectos. Acaban comiendo prójimo con éste y con aquél, con aquella o con la tía. Es como una recepción, donde solo falta el coctel, el vino, los quesos, el jamón, en fin, es un acto frío, que solo se cumple y se espera que transcurra rápido el tiempo de que otorga la funeraria para que se despidan del muerto. .

Y se realizan protocolos como en cualquier evento social, los visitantes firman el libro de condolencia para que los dolientes sepan que estuvieron acompañándolos. Se marchan sin voltear hacia atrás. Y ahí termina todo. “Cumplieron” con la familia y con la sociedad. Como es de conocimiento público la prensa está presente en los entierros de los dinerudos, no donde están los pobres diablos que no tiene ni en que caerse muertos, aunque estos parias no serán llevados a la funeraria porque Domingo Rocha, solo les fía el servicio a los ricos.

Sin lugar a dudas hay una funeraria para la clase pudiente a la que venden todo el servicio desde el féretro hasta el hoyo en el cementerio municipal, mientras que al <jodidiaje> si bien les va los trasladan al velatorio municipal que a la fecha tiene récord ya que solo se han velado menos de una decena  de muertitos y bueno en este recinto si hay estacionamiento suficiente  para que los dolientes aparquen  sus coches aunque solo llegan en bicicleta porque normalmente son  los extremadamente pobres quienes hacen uso del viejo  rastro caprino—( este edificio se rehabilitó para velatorio).

El velatorio municipal está ubicado a espaldas de la colonia la Contadora precisamente en el fraccionamiento Nogales, lugar donde se ofrece estacionamiento amplio.

A diferencia de la funeraria “Rocha” que tiene ubicado el recinto en una de las calles principales y hasta por 24 horas obstruyen la vialidad ya que cierra las calles como si ellos, si esos muerteros fuesen los dueños del pueblo.

En si los muerteros causan muchas molestias a la sociedad Jaumavense y en nada compensan al pueblo, no apoyan a las escuelas con becas ni a los indigentes con un mendrugo, ni tapan los baches que se hacen en las inmediaciones de la funeraria, en sí son unos parásitos que solo ven a Jaumave y a los jaumavenses como un filón de oro. Es tan “bondadoso” Domingo Rocha, que no le desea mal a nadie, pero quiere que su negocio prospere.

Para el dueño de la funeraria, el reglamento municipal se lo pasa por abajo del arco del triunfo ya que siguen vendiendo lotes en el panteón municipal sin consultar con el titular de la presidencia porque se sienten los dueños de Jaumave solo por ser parte de las bajas humanas.

Los ciudadanos que escogen velar a sus muertos en su hogar simplemente siguen cumpliendo la vieja tradición de velar a los que se adelantaron en el viaje sin retorno en el ambiente en el que compartió tantas alegrías y tristezas a lado de sus seres queridos que ni muerto lo abandonan.

 

 

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