Por cien dólares lo dejan fumar mota

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La Policía Rural en Tamaulipas tenía por finalidad  proteger los bienes de los  ciudadanos, a decir sus hatos de ganado, tanto bovino, ovicaprino  y equino, además de los  hurtos en las viviendas sobre todo en el área campestre.

La policía rural, por disposición legan en el gobierno de Tamaulipas dejó de existir para dar paso a la “policía única” que actualmente brinda seguridad en el área rural y urbano.

De la policía rural, se quejaban los ciudadanos, de extorsiones de quienes se decían agentes, esto de acuerdo a las denuncias que aun duermen el sueño de los justos en los archivos de los órganos jurisdiccionales de nuestro estado.

Repetían en aquellos ayeres con insistencia los rancheros del altiplano tamaulipeco <Queremos ver una Policía comprometida con la gente, y es que las quejas siguen en aumento y, si no realizan su tarea, sería mejor que nadie vigilara>.

Anecdotario breve de un Policía Rural

Sin lugar a dudas en el devenir histórico, de la policía rural de Tamaulipas (ya no existe este cuerpo policiaco) en cualquier ambiente de la campiña, siempre estuvo llena de noticias horripilantes, sorpresas, dramas y también aspectos jocosos, y ridículos.

Este pequeño preámbulo tiene por finalidad, contarles, solamente una de las tantas anécdotas que se escenificaron en el cuerpo policiaco a comento…

No ha mucho de hoy, un viejo policía rural, nos platicó un suceso que aconteció en un retén que el comandante Joel Chapa, (+) instaló en las inmediaciones de Tula Tam; cabe apuntar que el personaje en cita hizo el hueso viejo en dicha corporación, y por consiguiente dejó mucha historia en la Policía Rural, por su estilo plagado de abusos cometidos con la  gente que tenían algo  que ver con el campo.

Pues resulta que en dicho destacamento el comandante Chapa, como lo conocían sus compañeros, le marcó el alto a una “troca” que era conducido por un joven pasaporteado y al hacerle la revisión corporal como se estilaba en aquellos ayeres le encontraron en la bolsa del pantalón un envoltorio con la cantidad suficiente para forjar un cigarrillo de mariguana.

El comandante de inmediato pide a sus subalternos que le colocaran las esposas en las muñecas de las manos al joven.

En chaval, echando mano de todos sus recursos disuasivos le dice al oído al captor que le daría 100 dólares por que lo dejara ir. Le rogaba que no lo perjudicara, que tomara el billetito de cien dólares y nadie sabría nada de ese acontecimiento…

Y como la cantidad de yerba mala, era muy poca, le tomó la pablara al joven.

!Gueno ¡ le dijo el comandante  po’s te voy  ayudar  pero cierra el pico—y recuerda huerco, que yo no te conozco,  echa “el cuerito de rana” a esta cajita de cerillos y vete.

Unos kilómetros adelante en las cercanías de Palmillas Tam;  había otro retén de la misma corporación policiaca.-  el joven detiene su vehículo y, los polirurales  lo someten nuevamente a una revisión y descubrieron que entre sus ropas  traía un cigarrillo de “mota” que acababa de forjar pero no lo encendió porque de nueva cuenta fue sorprendido por la Rural y, como no los pudo sobornar porque ya no traía dinero, les narró que ya había sido detenido kilómetros atrás por otro comandante, al cual describió como una persona de  aproximadamente  60 años de edad, gordo y de aspecto bravucón, mismo que le había dejado proseguir su camino a cambio de cien dólares que le obsequió.

El nuevo captor un tanto cuanto incrédulo, llevó hacia el lugar que describía el joven, para que señalara al comandante corrupto.

… y una vez frente a frente, los dos jefes rurales y el vicioso, cambian impresiones.

Dice el segundo captor, al comandante Chapa, este muchacho me dice que te dio dinero porque lo dejaras ir con este carrujo de mariguana que escondía entre sus ropas.

… no, no, no,  yo jamás hago eso, yo no perdono a los delincuentes, si le hubiera encontrado la droga me lo hubiera llevado  de los pelos derechito al bote, dijo,-el comandante Chapa, que en esos momentos se encontraba en serios aprietos, pero una vez más su habilidad y la experiencia  lo salvan de ser consignado por pisotear la ley.

Y como era obvio el comandante tomó la palabra para defenderse de la seria acusación… ¿a ver muchacho como me diste el dinero, ese que le pitorreaste a éstos?

¡Señor¡  respondió  atemorizado y titubeante, – le eché los cien dólares en una cajita de cerillos .- a lo que respondió con aplomo.- ¡A’ita como yo no jumo po’s tire la cajita!.

Quizá si el comandante hubiese adoptar una  postura  agresivas e intimidantes, no le habría  rendido buenos resultados porque la acción incriminatoria del joven  lo ponía a un paso de la cárcel por diversos delitos, entre ellos cohecho, encubrimiento que  una conducta habitualmente penada como delito, que consiste en realizar actos u omitir la realización de actos con el fin de impedir o dificultar la acción del Estado para descubrir e investigar un delito o una serie de delitos, así como identificar a sus autores, entre otros ilícitos.

Esta Leyenda Rural, puede ser cierta o falsa pero,– es una de tantas crónicas campiranas, de esas que van de boca en boca y todos queremos conocer la verdadera historia y no simplemente llevarnos del lado de gente que no esta de acuerdo  de esas situaciones que justifican que alguien en su tiempo y espacio dejo huella imperecedera.

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