INFIERNO GRANDE:
El miedo no anda en burro… y en Palmillas se nota
Dice el dicho que el miedo no anda en burro, y en Palmillas ese adagio parece quedarle al dedillo a la señorita Laura Córdova Castillo, ex alcaldesa del municipio avalada por el PAN. Han pasado ya más de cuatro años desde que concluyó su mandato (2018–2021) y,
hasta la fecha, sus cuentas públicas siguen sin ser “palomeadas”.
No es un detalle menor ni un asunto administrativo: es una señal de alarma.
De acuerdo con lo que ha trascendido desde la Auditoría Superior del Estado, que encabeza el licenciado Francisco Antonio Noriega Orozco, existen múltiples inconsistencias en el manejo de los recursos públicos durante su trienio. Observaciones que, pese al tiempo transcurrido, no han sido solventadas ni transparentadas.
Entre los señalamientos destacan obras inconclusas, otras más de mala calidad, y un presunto quebranto al patrimonio municipal.
A esto se suma un tema que suele ser el sello clásico de la corrupción local: una nómina inflada de aviadores, ya detectados por la propia ASE.
Pero lo más delicado va más allá de la mala administración.
Se señala que durante su gestión se habrían sustraído recursos públicos mediante la alteración de firmas de ciudadanos, simulando apoyos, subsidios y subvenciones.
Según estas versiones, la entonces alcaldesa solicitó copias de documentos personales a los habitantes del municipio, mismas que después habrían sido utilizadas para falsificar firmas del INE y justificar la entrega de recursos que nunca llegaron a manos de los beneficiarios.
El caso que más indigna en Palmillas es el de un ciudadano que solicitó 400 pesos para trasladar a su esposa a Ciudad Victoria para valoración médica.
El documento, originalmente firmado por esa cantidad, habría sido alterado agregando un cero, convirtiéndolo en 4 mil pesos, monto que —según se señala— fue cobrado por la alcaldesa y sus presuntos cómplices.
Y como ese, aseguran, hubo muchos más.
Estos hechos no solo confirman, para muchos habitantes, un patrón de corrupción, sino que ya habrían escalado al ámbito penal.
Actualmente también estaría actuando la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, encabezada por el licenciado Jesús Govea Orozco.
No es casualidad, dicen algunos palmillenses, que la ex alcaldesa sea vista con frecuencia acudiendo a estas instituciones, buscando acuerdos y apelando a una narrativa de víctima. Implora apoyo, se dice honesta y atribuye todo a supuestos enemigos políticos que —según ella— le fabricaron falsos señalamientos.
Pero cuando las observaciones vienen de la Auditoría, cuando hay expedientes abiertos y cuando la Fiscalía entra en escena, el discurso de persecución política se desgasta.
En Palmillas, el miedo no anda en burro… y cuando alguien corre tanto para justificarse, es porque algo —o mucho— no está bien.
Redacción.-
El miedo no anda en burro… y en Palmillas se nota
Dice el dicho que el miedo no anda en burro, y en Palmillas ese adagio parece quedarle al dedillo a la señorita Laura Córdova Castillo, ex alcaldesa del municipio avalada por el PAN. Han pasado ya más de cuatro años desde que concluyó su mandato (2018–2021) y,
hasta la fecha, sus cuentas públicas siguen sin ser “palomeadas”.
No es un detalle menor ni un asunto administrativo: es una señal de alarma.
De acuerdo con lo que ha trascendido desde la Auditoría Superior del Estado, que encabeza el licenciado Francisco Antonio Noriega Orozco, existen múltiples inconsistencias en el manejo de los recursos públicos durante su trienio. Observaciones que, pese al tiempo transcurrido, no han sido solventadas ni transparentadas.
Entre los señalamientos destacan obras inconclusas, otras más de mala calidad, y un presunto quebranto al patrimonio municipal.
A esto se suma un tema que suele ser el sello clásico de la corrupción local: una nómina inflada de aviadores, ya detectados por la propia ASE.
Pero lo más delicado va más allá de la mala administración.
Se señala que durante su gestión se habrían sustraído recursos públicos mediante la alteración de firmas de ciudadanos, simulando apoyos, subsidios y subvenciones.
Según estas versiones, la entonces alcaldesa solicitó copias de documentos personales a los habitantes del municipio, mismas que después habrían sido utilizadas para falsificar firmas del INE y justificar la entrega de recursos que nunca llegaron a manos de los beneficiarios.
El caso que más indigna en Palmillas es el de un ciudadano que solicitó 400 pesos para trasladar a su esposa a Ciudad Victoria para valoración médica.
El documento, originalmente firmado por esa cantidad, habría sido alterado agregando un cero, convirtiéndolo en 4 mil pesos, monto que —según se señala— fue cobrado por la alcaldesa y sus presuntos cómplices.
Y como ese, aseguran, hubo muchos más.
Estos hechos no solo confirman, para muchos habitantes, un patrón de corrupción, sino que ya habrían escalado al ámbito penal.
Actualmente también estaría actuando la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, encabezada por el licenciado Jesús Govea Orozco.
No es casualidad, dicen algunos palmillenses, que la ex alcaldesa sea vista con frecuencia acudiendo a estas instituciones, buscando acuerdos y apelando a una narrativa de víctima. Implora apoyo, se dice honesta y atribuye todo a supuestos enemigos políticos que —según ella— le fabricaron falsos señalamientos.
Pero cuando las observaciones vienen de la Auditoría, cuando hay expedientes abiertos y cuando la Fiscalía entra en escena, el discurso de persecución política se desgasta.
En Palmillas, el miedo no anda en burro… y cuando alguien corre tanto para justificarse, es porque algo —o mucho— no está bien.