El Verde en Bustamante: sobreviviendo con políticos reciclados

 El Verde en Bustamante: sobreviviendo con políticos reciclados

Lo que ocurre con el Partido Verde Ecologista de México en Tamaulipas no es estrategia, es supervivencia pura.

El partido del tucán apenas logra rebasar el porcentaje mínimo para conservar el registro y, ante el riesgo de quedar fuera de las prerrogativas, sus dirigentes han optado por lo único que parece quedarle: reciclar viejos cuadros.

El dirigente estatal Manuel Muñoz Cano y el exgobernador Eugenio Hernández Flores —hoy operador político nacional del Verde— saben que los números no mienten.

El partido no crece, no entusiasma y no marca agenda. Apenas sobrevive.

Ante ese panorama, la consigna es clara: salir a reclutar a los priistas que quedaron huérfanos tras el derrumbe del “partidazo”.

No se trata de construir una nueva opción política, sino de sumar nombres para inflar padrones y asegurar financiamiento.

En Bustamante, el espectáculo es aún más evidente. La nueva dirigencia municipal no representa renovación alguna; es el retorno de los mismos apellidos de siempre.

Román Serna Marín, –coordinador del verde– hijo del exalcalde priista J. Guadalupe Serna Trejo, encabeza el comité.

Lo acompaña el también exalcalde Julio Torres Torres, un político que ha brincado de sigla en sigla con la esperanza permanente de que ahora sí lo hagan candidato.

A ellos se suman Rubén Gámez y Martín González, identificados con el mismo grupo político de siempre. Más que una estructura sólida, parece una reunión de viejos conocidos intentando reacomodarse en el tablero.

El problema es que la ciudadanía ya no compra el mismo producto con diferente empaque. En un municipio pequeño, donde la memoria política pesa, estos nombramientos no generan esperanza, generan escepticismo.

No hay caras nuevas, no hay proyecto claro, no hay narrativa distinta.
Si la apuesta del Verde en Bustamante es sobrevivir con figuras desgastadas y acuerdos de grupo, el desenlace parece previsible.

Porque cuando un partido se mueve por miedo a desaparecer y no por convicción de servir, deja de ser alternativa y se convierte en lastre.

Y en política, cuando lo único verde es el logotipo, lo demás ya está marchito.

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