Morenismo a la vieja usanza: el negocio detrás del discurso

 Morenismo a la vieja usanza: el negocio detrás del discurso

En público, el guion es impecable: austeridad, honestidad, transformación. En corto, en la penumbra de las reuniones sin acta, el libreto parece otro… uno que huele peligrosamente a naftalina priista.

Porque sí, aunque duela admitirlo, las viejas costumbres no se extinguieron; mutaron. Cambiaron de color, de siglas, de narrativa… pero no de fondo. Y es ahí, en las pláticas de café, en los pasillos donde no entran las cámaras, donde empieza a tomar forma una historia que, cierta o no, ya circula con demasiada soltura como para ignorarla.

Se habla —y se dice con insistencia— de un operador de alto perfil en MORENA que, bajo el pretexto de “palomear” perfiles rumbo a la próxima elección municipal, habría montado una suerte de sistema de cuotas entre alcaldes del altiplano tamaulipeco. Una especie de peaje político disfrazado de bendición anticipada.

La mecánica, según el runrún, sería simple: promesa de respaldo hoy… a cambio de “aportaciones” mensuales mañana.

Pero eso no es todo. El mismo personaje, cuentan, no llega solo. Lleva consigo un “asesor”, de esos que no aparecen en organigramas pero sí en nóminas generosas. Un personaje bien atendido —dicen— que, más que orientar políticas públicas, parece formar parte de una estructura paralela donde la lealtad se mide en efectivo y no en resultados.

¿Pruebas? Ninguna pública. ¿Indicios? Demasiados. Y en política, como bien se sabe, la percepción suele ser más devastadora que cualquier expediente.

El problema para MORENA no es únicamente si estas versiones son ciertas o no. El verdadero riesgo está en que la narrativa empieza a empatar con una memoria colectiva que el propio movimiento prometió erradicar: la del PRI de las cuotas, de los moches, de los favores condicionados.

Esa misma que sirvió como combustible para construir su discurso de cambio.

Porque cuando la militancia empieza a escuchar que las “palomeadas” tienen tarifa, que el acceso al poder pasa por la caja registradora y que los operadores replican las mañas del pasado… entonces la transformación deja de ser promesa y se convierte en parodia.

Y es ahí donde aparece la jiribilla: ¿de verdad se trata de casos aislados o estamos frente a la institucionalización de las viejas prácticas bajo nuevas siglas? ¿Es rumor malintencionado o reflejo de una realidad incómoda que nadie quiere reconocer?

Lo cierto es que, en política, las historias que se repiten con demasiada frecuencia terminan por convertirse en verdad pública, aunque nadie las firme. Y hoy, en el altiplano tamaulipeco, el murmullo ya no es discreto… es constante.

MORENA, que llegó con la bandera de la regeneración, enfrenta su propia prueba de fuego: demostrar que no se convirtió en aquello que juró combatir.

Porque si las viejas prácticas siguen vivas —aunque ahora se vistan de guinda—, entonces no estamos ante una transformación… sino ante una peligrosa simulación.

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