CUANDO EL TERROR SORPRENDE Y LA LEY DIVIDE

 CUANDO EL TERROR SORPRENDE Y LA LEY DIVIDE

Por: Luis Armando González Isas

México vive momentos que obligan a detenerse. A mirar con más profundidad. A entender que no todo se puede explicar con una sola respuesta.

Por un lado, la tragedia en Teotihuacán
y por otro lado, en un plano completamente distinto pero igualmente profundo, la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de invalidar normas que criminalizaban el aborto en Tamaulipas.

Lo ocurrido en Teotihuacán dejó una rara sensación. Un lugar al que se va a caminar tranquilo, a mirar el horizonte desde lo alto de una pirámide, se volvió de pronto un sitio de terror. Una turista murió, varias personas resultaron heridas y, más allá de los datos, quedó un desconcierto difícil de explicar. No hubo una historia conocida detrás, ni un motivo claro que permitiera acomodar lo sucedido. Solo una decisión que nadie anticipó.

Eso inquieta más de lo que parece. Porque cuando la violencia no sigue un guion, cuando no responde a las explicaciones de siempre, obliga a mirar distinto. Ya no alcanza con hablar de lo de siempre. Hay algo que se está moviendo por debajo, algo más individual, más impredecible, más difícil de contener.

Y casi al mismo tiempo, en otro terreno completamente distinto, se abrió otra discusión que también toca fibras profundas. La Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidó disposiciones que criminalizaban el aborto en Tamaulipas. Un fallo que, más allá de lo jurídico, volvió a dividir opiniones de forma inmediata.

Ahí no hay balas, pero sí hay choque. De ideas, de creencias, de formas de entender la vida. Para algunos, es un avance. Para otros, una línea que no debía cruzarse. Y entre ambos, muy poco espacio para coincidir.

Son dos escenas que no tienen nada que ver entre sí, pero que terminan conectando en algo esencial: ambas obligan a hablar de la vida.

En un caso, la vida se pierde de golpe, sin aviso, sin sentido aparente. En el otro, la vida se discute, se define, se intenta encuadrar en una ley. Y en los dos, lo que queda es una sensación de tensión.

Porque no solo se trata de lo que pasó, sino de lo que se ve. Revela que la tranquilidad puede romperse en cualquier momento.
Y también que hay temas en los que, como sociedad, estamos lejos de ponernos de acuerdo.

Tal vez lo más preocupante no es la violencia en sí, ni la decisión de la Corte por separado. Es lo que pasa cuando se juntan en el mismo tiempo: un país que por momentos se siente inseguro y, al mismo tiempo, profundamente dividido.

Entre quienes piden certezas y quienes exigen derechos.
Entre quienes buscan orden y quienes reclaman libertad.

Por hoy es todo y nos leemos en la próxima si el Primerísimo lo permite.

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