APP de Beto Granados, ¿simula soluciones?
Redacción
Matamoros, Tamaulipas.- Hay una diferencia importante entre presumir una plataforma digital y convertirla realmente en una herramienta de gobierno.
Matamoros ya dio el primer paso.
RIGO, el sistema de Respuesta Integral de Gobierno, recibió un reconocimiento nacional en la categoría de Ciudades Inteligentes. El mérito no es menor: la plataforma fue diseñada para recibir reportes ciudadanos, asignarlos a las áreas responsables y permitir seguimiento.
Pero hay un detalle que vuelve más interesante la historia.
El propio Plan Municipal de Desarrollo estableció indicadores concretos para RIGO.
El Ayuntamiento planteó como meta alcanzar una tasa de resolución del 90 por ciento de los reportes, con un tiempo promedio de resolución de hasta 15 días. Además, estableció como objetivo que el sistema tuviera un tiempo máximo de respuesta de 16 horas.
Ahí cambia la pregunta.
Ya no se trata de saber si RIGO es moderno.
Se trata de saber si funciona como fue diseñado.
¿Cuántos reportes ha recibido?
¿Cuántos fueron resueltos?
¿Cuántos permanecen pendientes?
¿Cuánto tarda realmente una dependencia municipal en atenderlos?
¿En qué colonias se concentra la mayor cantidad de problemas?
¿Y cuántos reportes terminan cerrados porque el problema fue solucionado y cuántos simplemente porque fueron canalizados?
Son preguntas que una verdadera ciudad inteligente debería poder contestar prácticamente en tiempo real.
La herramienta tiene otra ventaja: genera información que antes estaba dispersa.
Cada reporte ciudadano puede convertirse en una fotografía diaria de Matamoros: dónde faltan luminarias, dónde aparecen baches, dónde se acumula basura, dónde existen problemas de drenaje y qué zonas requieren mayor atención.
RIGO puede ser mucho más que una aplicación. Puede convertirse en el tablero de control de la ciudad.
Pero para que eso suceda plenamente, el ciudadano necesita conocer también los resultados.
El premio nacional reconoce la innovación.
Ahora corresponde medir la eficacia.
Porque la verdadera prueba de una ciudad inteligente no está en tener una aplicación para reportar un problema.
Está en que el ciudadano pueda comprobar cuánto tardó el gobierno en resolverlo.