El Fogón

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José Ángel Solorio Martínez

El colapso del viejo régimen…

No ocurrió cualquier cosa en Tamaulipas el 1 de julio. Se hirió de muerte, al antiguo régimen. Panistas y morenistas, dieron la puntilla a un sistema político que empezó a tejerse desde la llegada de Emilio Portes Gil a Tamaulipas en 1921 y que transitó por varias etapas: desde la era funcional -1923 a 1947-, pasando por la época degradante –alemanismo: 1947-1957- hasta el periodo contemporáneo en donde se pudrieron la clase política dirigente y las instituciones que encarnaron: 1957-2016.

El devenir de esos años, fue salpicado de intensas luchas sociales que la mayoría de las veces, topó con un régimen autoritario y varias veces represivo. La resistencia del portesgilismo al alemanismo en Tamaulipas, dejó una matanza que aún hoy es terrible y repugnante: murieron 13 dirigentes campesinos en el Ejido las Bayas de la región de Llera. El responsable de esa acción –el gobernador interino Raúl Gárate, alemanista hasta las cachas- ni se inmutó: siguió gobernando y destrozando las redes de influencia de Portes Gil.

En los años setentas, la sociedad política tamaulipeca institucional, intentó con Lauro Rendón Valdez reformar al PRI desde su entraña. No pudo. La represión no llegó a la liquidación del movimiento; lo acabaron con lo que mejor hacía el gobierno de esos años: la cooptación de dirigentes y la compra de voluntades.

Sería el inicio de la rebelión cívica –en la calle- de Tamaulipas.

Habría que esperar algunos años, para ver al pueblo en lucha. Dirigidos por un macizo Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), en los años setentas se inauguraron los caminos de la alternancia. Escurrimientos del PRI, nutrieron movilizaciones populares que jamás se habían visto en el estado.

Miles salieron a las plazas a exigir procesos electorales democráticos y limpios. Difícil camino: las instituciones electorales dependían del gobierno orgánicamente y la intromisión gubernamental era parte de los usos y costumbres del sistema político-electoral.

Hubo en ese momento, varios héroes cívicos: Baltasar Díaz Bazán, Plata y otros más que no perdieron la vida, pero sí la libertad.

¿Quién podía enfrentarse al Presidente Luis Echeverría y a sus personeros en Tamaulipas?..
Fue probablemente, la energía social en movimiento más exitosa en la historia contemporánea de la entidad: generó un racimo de liderazgos políticos opositores, como Carlos Cantú Rosas, Edilio Hinojosa López, Jorge Cárdenas González y centenares de cuadros medios de respetable potencia local. Al mismo tiempo, abrió paso a la alternancia en el poder municipal desde la organización cívica.

Todas esas luchas, se condensaron en el 2016 con la alternancia en el gobierno del estado. Los vientos de cambios, tuvieron la posibilidad de liquidar a la vieja estructura política; por algunas razones, se pospuso esa idea. Debilitó, sí, al tejido del anciano régimen poniendo tras las rejas a varios de sus miembros más destacados; entre ellos al ex gobernador Eugenio Hernández Flores.

Canceló la posibilidad de ir a fondo con el tácito perdón a Egidio Torre. Eso dio a los tamaulipecos, la percepción del choque contra Geño y sus socios, como venganza y no como justicia. Al mismo tiempo, dejó a una parte del corrupto PRI sobrevivir felizmente.
Hubo de venir, la tercera ola popular: el lopezobradorismo, que liquidó los restos de los más pútridos gobiernos tamaulipecos. Los fraternos de esos abominables afluentes –Chuchín Garza del Guante, Oscar Almaraz Smer, Magdalena Peraza Guerra, Diego Guajardo Anzaldúa- fueron echados del paraíso en donde pensaron perpetuarse.

Cierto: en algunos casos, el PAN los lanzó a las veredas.

Como también es cierto que MORENA contribuyó para desmantelar ese urdimbre de cieno que asfixiaba a la sociedad regional.

Es ese, el gran triunfo del 1 de julio.

No es exagerado lo que plantea AMLO: la cuarta transformación.

En Tamaulipas, ya estamos viendo una de las transformaciones –y lo más plausible: pacífica- más relevante de la historia de la comarca…
…sólo falta, profundizarla.

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