El Inquisidor

 El Inquisidor

Redacción.-

En Tula las campañas no empiezan: se financian como cualquier emprendimiento desesperado. Y por favor, ya dejen los onanismos mentales: hoy rondan por lo menos catorce iluminados que un buen día despertaron sintiendo “amor incondicional” por los colores vinotinto de MORENA.

Porque Tula tiene 104 comunidades, y el que quiera jugar a candidato debe tener claro que esto no es un viacrucis moral, es un presupuesto semanal: entre 4 mil pesos solo de combustible, cocas y galletas y la sonrisa hipócrita reglamentaria.

Y eso diez meses antes de que decidan al bendecido.

¿Y el dinero?
Ah, pues que lo manden los ángeles del financiamiento, porque de discurso no vive ni el operador más ingenuo.

Aquí la democracia es cara.
Carísima.
Y sobre todo, condicionada. Porque al electorado ya lo malcriaron: si ve un candidato, pide. Si no es una llanta, es un medicamento; si no, la vuelta a Victoria. El compromiso sin incentivo es un mito urbano. Y para dar incentivos se necesitan centavos, no “ganas de servir”.

Y mientras los aspirantes se preguntan si hipotecan el carro o venden el cochino, ocurre lo evidente:
Los dados ya vienen cargados.

El gobernador Américo Villarreal Anaya no anda repartiendo cariño al azar. Ahí está el actual alcalde de Tula paseándose en España, luciendo en festivales, recibiendo guiños públicos de esos que no se tapan ni con cortina. Muy “tácito”, muy “institucional”, pero todos sabemos leer: ya huele a gallo oficial.

Y los que ponen dinero lo saben mejor que nadie.
No van a invertir en proyectos motivacionales ni en promesas con patas.

El capital político va al aspirante que trae padrino, estructura y foto favorable.
¿O creen que algún patrocinador va a meterle lana a gallos fracasados, sin ruta, sin respaldo y sin futuro? Por favor.

A eso súmele los partidos rémora, encabezados por el siempre oportuno Partido Verde Ecologista de México, que no se pierden una corriente donde un ex auxiliador de migrantes, asegura que ahora hay luz verde y así busca engatuzar a Tula, pero claro que no pase y compita… si trae efectivo..

Pero entre tanta alquimia electoral todavía queda un fenómeno curioso: el PRI aún respira, el ADN priista prevalece entre los Tultecos, ese sí resiste las terribles sequías, pues ahí están los veteranos, como Juan Castillo Iracheta, que con la CNC y junto a Toño Verdín y El Abuelo Villanueva mantienen encendida la velita tricolor. Paso a pasito, con trabajo de hormiga, sin aspavientos, pero presentes. En un municipio donde la memoria pesa y el voto duro envejece… pero no desaparece.

Finalmente en Tula, la contienda no será de discursos, ni de convicciones, ni de abrazos y saludos hipócritas, será —como siempre— de quién puede pagar la entrada al juego.

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