En Tula ya empezó la temporada de suspirantes
Y como si fuera una tradición se repiten las viejas costumbres y como cada ciclo electoral aparecen iluminados, salvadores de ocasión y personajes que confunden caminar dos cuadras con merecer una candidatura.
La caballada no solo está flaca, está escuálida, pero aun así todos quieren correr y llegar primero a la foto, al presupuesto y al hueso.
La ambición no es pecado, pero cuando se usa para maquillar la falta de liderazgo, entonces deja de ser deseo político y se convierte en simple hambre de poder. Y hoy en Tula sobra hambre y falta liderazgo.
Los aspirantes se multiplican como si gobernar fuera un premio de feria. Creen que basta abrir redes sociales, subir su altruismo repentino y repetir discursos reciclados para convencer a un municipio que ya no cree en nadie.
Confunden presencia con capacidad, likes con legitimidad, y movimiento con resultados. Mientras tanto, Tula sigue esperando a alguien que sepa gobernar, no solo posar.
En este escenario aparece por ejemplo el diputado local me ha votado de la historia, Frank Hernández y él piensa que por el puro dedo divino le va a llegar la candidatura pues sin presencia ni mucho menos gestión ya se siente merecedor de esta oportunidad,
también Aurelio Castillo Tovar que desde el sector educativo, sin aspavientos, sin ruido, pero muy atento, muy agazapado, muy calculador. Él, como todos, también quiere lo mismo: la candidatura de MORENA, que se ha convertido en el fetiche político del momento, la fruta prohibida de la que todos quieren morder aunque no todos tengan dientes para hacerlo.
Los nombres ya conocidos no se quedan atrás. Vanessa Guadalupe Sánchez Sánchez asegura estar purificada, como si eso borrara de golpe sus dos periodos en la Tesorería de gobiernos panistas, de pronto existe mucho altruismo, mucho video, muchos abrazos casuales, pero pocas explicaciones sobre su repentino poder económico. Juan de Dios Vázquez, por su parte, recibe bendiciones de ‘la avanzada educativa’, pero pasa más tiempo viajando que sembrando arraigo; difícil gobernar un municipio que uno pisa. Anita Moctezuma, conocida por su labor social, lleva meses sin aparecer, como si el municipio pudiera gobernarse desde la distancia o desde el recuerdo.
Y en el establo municipal también hay quién ya levanta la mano. Eleazar Fortuna Maldonado insiste como si insistir fuera sinónimo de capacidad. Rigoberto Puente Lara provoca escozor dentro del mismo gobierno con su activismo que irrita más de lo que suma. Bellanira Ortiz Toscano goza del afecto del alcalde René Lara Cisneros, pero el cariño político no es garantía de liderazgo, y cargar con simpatías oficiales puede ser tanto impulso como lastre.
A la fiesta se suman las rémoras políticas, porque nunca faltan. En el Verde levantan la mano Elías Carrión, Miguel López y hasta la expanista Lorena Lara Lucio, que regresa como si la política fuera un reciclaje permanente. El PT también juega su carta con Alfredo Castillo Camacho, que al menos ha sabido mantener orden interno y podría sorprender, porque al final en política las fotos son amores y todos quieren una rebanada de los más de seis mil votos que colocaron al actual alcalde en el poder.
Pero la pregunta esencial no es quién quiere, sino quién puede. Tula está cansada del abandono rural, del desgaste económico, de la desconfianza institucional. Cansada de los mismos que reparten saludos y promesas, pero no resultados. Y mientras los aspirantes se acomodan para ver quién luce más, nadie responde lo fundamental: qué han hecho, qué han cambiado, qué pueden ofrecer más allá de su ambición.
El verdadero riesgo para Tula no es la oposición, es la saturación de perfiles sin estatura, la avalancha de aspirantes que creen que la política es un concurso de popularidad y no un acto de responsabilidad pública, todo se quieren subir al carro de la 4T, pero cuántos han cumplido con sus principios de no robar no mentir y no traicionar, sin duda cando la ambición supera al liderazgo, la gente se cansa, se aleja, se rinde.
Las instituciones se erosionan y el municipio vuelve a caer en los mismos ciclos que tanto daño le han causado.
En 2027 no ganará quien más sonó, ni quien más caminó, ni quien más selfies altruistas subió. Ganará quien pueda demostrar liderazgo real, quien esté preparado, quien entienda que gobernar no es mover gente, no es hablar bonito, no es buscar aplausos, no es foto con más like no es prometer hasta lo imposible, gobernar es estar listo. Y en la fauna de aspirantes que hoy rodea a Tula, eso es precisamente lo que menos abunda.