La mujer que vendió su alma al diablo

Rebeca era una muchacha muy hermosa, pero su ambición es su perdición

Redacción//

En el municipio potosino de Cárdenas, se cuenta la historia de una mujer que vivió en la década de los 50 y cuya ambición fue su perdición. Rebeca era una muchacha muy hermosa pero sumamente amargada y codiciosa. Su familia era extremadamente pobre y ella, solo soñaba con ser como las señoritas de la alta sociedad y mudarse a la capital para vivir como reina.

A causa de su belleza, muchos hombres la pretendían pero la chica a todos rechazaba por considerarlos inferiores. Tanto así que se quedó sin amigos ni pretendientes, pues todos la rehuían por saberla interesada.

Un día, Rebeca conoció a Trinidad Ramos, el apuesto primogénito de un rico hacendado, al que quiso enamorar para hacerse de fortuna.

Por suerte a Trinidad ye la habían advertido de como era ella, así que sin miramientos la rechazó y decidió casarse con otra joven, noble y amorosa a diferencia de Rebeca. Despechada, esta última acudió con una mujer que tenía fama de bruja, para que provocara la desgracia del muchacho. Y así fue.

El pobre Trinidad fue víctima de varias dolencias y enfermedades, y rápidamente lo perdió todo hasta quedar en la miseria.

Rebeca se quedó aun más satisfecha, cuando la bruja le reveló que pronto conocería a un hombre sumamente rico y poderoso, aunque bastante mayor. Este individuo estaría dispuesto a darle lo que quisiera con tal de poseerla, y para encontrarlo, debía salir de su casa todas las noches y esperar en el campo.

Pasaron varias semanas. Una noche, Rebeca sintió que alguien la observaba. Ante ella apareció un hombre siniestro, muy alto y bastante entrado en años, vestido de forma elegante y con un cofre lleno de oro en sus manos. Con voz cavernosa, le dijo que sabía que lo estaba esperando.

—Si te vienes conmigo en este instante, voy a convertirte en una mujer muy rica —agregó.

Aunque estaba muerta de miedo, a Rebeca le pudo más la codicia y lo siguió hasta una fastuosa hacienda que jamás había visto antes. Parecía como si la casona hubiera surgido de la nada. Dentro, el hombre le entregó a Rebeca dos sacos repletos de oro y varias joyas, que ella contempló con avaricia. Pero nada más sujetarlos, el desconocido emitió una carcajada que le heló la sangre.

—¡Insensata! ¿No sabes que acabas de venderme tu alma? ¿A mí? ¿Acaso no sospechas quién soy?

Llena de horror, Rebeca se dio cuenta de que acababa de entregarse al diablo.

—¡Lárgate! ¡Lárgate de mi vista! Que de todos modos, pronto voy a volver a buscarte para tener el gusto de verte morir.

Espantada, Rebeca huyó con las dos bolsas de oro y llegó enloquecida a la plaza del pueblo, donde la gente fue testigo de como perdió la razón. Gritaba desesperada que iba a arder para siempre en las llamas del infierno y cuando abrió las bolsas, se puso histérica al ver que dentro no había más que cenizas y huesos.

Tres días estuvo, deambulando sin rumbo por las calles hasta que al tercero, cayó muerta de manera repentina. Le encontraron dos monedas de oro, sujetas en una de sus manos. Se dice que fue el precio a pagar por su alma tan pobre.

Desde entonces, la gente de Cárdenas cuenta que a veces por las noches se ve vagar a su fantasma. Es una joven pálida que cuando ve que alguien se acerca, le pide que rece por ella y antes de que la persona pueda salir de su estupor, se transforma en cenizas ante sus ojos asustados.

Colocado por Redacción

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