En el ejido  Calabacillas de  Bustamante se vive la desesperación por la terrible recesión que se demuestra con la dañada  economía familiar y es que en verdad no llueve para reactivar el campo, y que éste genere riqueza, si bien hace poco tiempo cayó un fuerte aguacero en la falda de la sierra, que llenó de esperanzas a los ejidatarios y avecinados, quienes de inmediato se dispusieron a sembrar la tierra, pero en estos momentos están a la buena de dios ya que el agua no ha vuelto a  caer en las parcelas con la misma intensidad de hace unos días para hacer que la siembra crezca y dé frutos, sin embargo ellos esperan pacientes que el gran arquitecto del universo les envíe las vivificadoras gotas de agua.

Es importante destacar que a finales del siglo X1X y principios del XX Calabacillas era una comarca muy rica, que perteneció al hacendado de ascendencia española Francisco V. Ibargüengoitia, en dicha heredad denominada Calabacillas, producía el campo, todo en abundancia, desde miles de talegas de maíz, que se almacenaban en las trojes, ganado vacuno, caprino, bestias mulares, asnos etc.

Y es que era una región donde llovía mucho, además escurría en grandes proporciones   agua del manantial de Atarjeas, entre otros escurrimientos que servían para que el ganado abrevara.

Asimismo en la Hacienda Calabacillas se recolectaba varias toneladas de ixtle  de lechuguilla procedentes de esta comunidad y las inmediaciones como el aguacate.

Se sabe que el hacendado era una persona muy culta que escribía en un periódico de la región, además de confeccionar  libros entre los que destacan el—<compendio de filosofía moral, para uso de la clase proletaria>,(daba consejos a los pobres pero no les pagaba lo justo)  como así  lo narra el historiador Lic. Juan Fidel  Zorrilla (+), pero ello, no servía a los peones para lograr satisfactores para ellos y sus familias, ya que siempre estaban endeudados en la tienda de raya.

En dicha hacienda precisamente en -el rancho Atarjeas- nació el profesor y General Alberto Carrera Torres, y después de adquirir conciencia, con el paso de los años decidió tomar las armas y acabar con esa clase explotadora y que la tierra como lo decaía Emiliano Zapata, fuera de quien la trabaja, objetivo que se logró con los años ya que se originó el reparto agrario.

Sin embargo, una vez que la tierra se dotó a los ahora ejidatarios ya no produjo Calabacillas como en los tiempos del hacendado Francisco V. Ibargüengoitia.

Y peor aún, ahora ésta comunidad pasas largos periodos sin que lleguen las precipitaciones pluviales ¿a qué se debe? Es la pregunta que se hacen la mayoría de los lugareños y la respuesta es muy sencillas, el agua la atrae el cumulo de arboledas y los habitantes de esta comunidad se han encargado de deforestar el espacio donde nacieron y quizá algún día, ojala lejano, mueran para fertilizar con su humanidad  esa bendita tierra.

Pero el cuestionamiento es que se deben establecer normas proteccionistas del medio ambiente, es decir, que se deje de talar los árboles para convertirlos en combustible de chimeneas y, como un plus, que beneficie a los habitantes de Calabacillas, ponerse de acuerdos sean ejidatarios o avecinados para reforestar su entorno con lo que en breve tiempo se verán los resultados ya que las arboledas atraen la lluvia.

En verdad no hay que echar en saco roto esta apreciación porque de ello depende que dejen un mejor futuro para las nuevas generaciones o de lo contrario tendrán que exportar mano de obra mal pagada  a gringolandia, donde  no quieren ni mexicanos, ni a los perros y menos a los negros.

Se las dejo de tarea.