Leyenda de la calle quinta

Esta calle solía a oler a azufre a ciertas horas de la noche.

Cadereyta, Nuevo León

La calle quinta en tiempos del pasado era una calle común y corriente, las personas iban caminando, a caballo, en carreta. Principalmente los pobladores de San Bartolo eran quienes la frecuentaban.

Tiempo tuvo que pasar para que las cosas se pusieran oscuras y tenebrosas. Sucedían cosas raras, ruidos y sombras hacían temblar a cualquiera, todo se ponía peor de noche.

La calle solía a oler a azufre a ciertas horas de la noche. Los vecinos no dejaban que callera el sol cuando se encerraban en sus casas, hasta que no saliera de nuevo.

Un día un alegre de San Bartolo llamado Luis Silva, se le hizo tarde en una cantina llamada la Opera, el hombre había perdido dinero y no se quería ir sin recuperar lo perdido.

Sin dinero se encaminó hacia la hacienda, tomando la calle quinta para llegar. No había pasado mucho tiempo que se introdujo en la oscuridad de la calle, cuando los vecinos de la calle escucharon espantosos gritos de angustia.

Todas las puertas permanecieron cerradas, los gritos pedían ayuda pero los vecinos dejaron que desaparecieran en la oscuridad.

En la mañana siguiente un vecino que transitaba por la calle, observó el cuerpo de un hombre tendido en la orilla, sobre los arbustos. Al acercarse pensó que estaba muerto por los rasguños en la cara y la sangre que lo bañaba en el rostro.

El hombre había encontrado a Luis Silva, desmayado en la orilla de la calle quinta. Al despertar Luis le contó que un hombre oscuro lo perseguía y que no lo dejaba en paz.

Luis ya no volvió jugar barajas ni a pasar por la calle del Diablo, sabía que no era juego aquello que le sucedió y que había corrido con suerte.

Hoy en día la calle quinta ha regresado a la «normalidad» pero hay quienes afirman aún sentir el olor a azufre y ver sombras.

 

 

Colocado por Redacción

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