Leyenda de la chica que pisó una tumba

Un grupo de amigos entre bromas y alcohol se retan a pisar una tumba sin medir las consecuencias.

Redacción// San Luis Potosí

Un grupo de amigos quienes se encontraban reunidos aquella noche en un poblado de la Huasteca, entre bromas y alcohol comenzaron a contar historias de terror.

La conversación había llegado a los relatos tradicionales de la región; las brujas, la llorona, los nahuales, los aparecidos, como la plática estaba muy amena, uno de ellos reta al resto a pisar una tumba en el cementerio y explicó “según cuenta la leyenda si lo haces el muerto te agarrará y llevará con él”.

En la misma calle a lo lejos, estaba el cementerio, y uno de ellos añadió que le aterraba pasar por ahí cuando iba camino a su casa, ya que se decía que sucedían muchas en la noche en ese lugar, uno mas dijo que si que incluso le habían platicado que ahí se reunían las brujas.

Entonces aprovechándose del miedo de sus amigos, les siguió contando: “Pero nunca se les ocurra pisar sobre una tumba cuando se ha puesto el sol, si lo haces el muerto te agarra y te mete dentro junto con él”.

– Mentira, eso son sólo supersticiones. Replicó Alexandra.

– Si tan valiente te crees ¿por qué no nos lo demuestras? Te daré 200 pesos si te atreves. Apostó el chico.

– A mí no me dan miedo las tumbas ni los muertos, respondió ella. Si quieres te lo demuestro ahora mismo.

El chico le tendió su navaja.

-Clava esta navaja en una de las sepulturas, así sabremos que has estado allí.

Sin dudarlo Alexandra cogió la navaja y se dirigió con paso firme al campo santo bajo la mirada atónita de sus amigos.

El camino era un poco largo, el panteón como en todas nuestras comunidades huastecas, está a las orillas de la zona habitada. Por lo que presurosa se encaminó para cumplir con su promesa y regresar con sus amigos.

Alexandra al llegar, como es natural en la zona rural, encontró el cementerio lleno de sombras y había un silencio sepulcral y sin quererlo el miedo se fue adueñando de la chica que con cada paso sentía cientos de ojos vigilarla y un aliento helado en la nuca.

– “No hay nada que temer”. Se repetía Alexandra para tratar de calmarse a sí misma.

Escogió una tumba y pisó sobre ella. Después se agachó rápidamente, clavó en el suelo la navaja y se dispuso a marcharse. Pero no pudo. ¡Algo la retenía! Lo intentó de nuevo, pero seguía sin poder moverse. Estaba aterrada.

– ¡Alguien me sujeta! gritó, y cayó al suelo.

Paso más tiempo de lo debido, era solo ir entrar clavar la navaja y regresar, debió hacerlo en un estimado de 20 minutos a lo mucho. Al ver que no regresaba, los chicos fueron en su búsqueda.

Encontraron su cuerpo tumbado sobre la sepultura, fría, rígida y con la cara totalmente desencajada del miedo.

Sin darse cuenta, Alexandra se había enganchado la falda con la navaja al clavarla en el suelo. Era la navaja lo que la retenía y ella había muerto de miedo tras sufrir un ataque al corazón.

Colocado por Redacción

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