Cuando desaparece el maíz criollo, desaparece la memoria del campo: el altiplano tamaulipeco al borde del olvido agrícola

 Cuando desaparece el maíz criollo, desaparece la memoria del campo: el altiplano tamaulipeco al borde del olvido agrícola

Redacción

Bustamante, Tamaulipas.- En el altiplano de Bustamante, el maíz no ha sido solo un cultivo: ha sido historia, resistencia y sustento. Durante generaciones, agricultores locales conservaron semillas criollas capaces de sobrevivir a lo impensable: heladas severas, sequías prolongadas y temperaturas extremas. Hoy, esa herencia está en riesgo.

La pérdida de semillas criollas de maíz no ocurre de forma repentina ni visible. Es un proceso silencioso, una erosión constante que se manifiesta cuando una variedad deja de sembrarse, cuando un agricultor envejece sin herederos que continúen su práctica, o cuando el mercado impone semillas comerciales como única opción viable.

La desaparición de una adaptación milenaria
Las semillas criollas no son un producto cualquiera. Son el resultado de siglos de selección natural y conocimiento campesino. Cada variedad está profundamente adaptada a su entorno: al tipo de suelo, al régimen de lluvias, a los cambios de temperatura.

En regiones como Bustamante, donde la tierra puede ser rica en materia orgánica pero el clima es impredecible, estas semillas representaban una ventaja crucial.

No dependían de paquetes tecnológicos ni de insumos externos. Su fortaleza estaba en su diversidad genética.
Cuando una de estas variedades desaparece, no solo se pierde una semilla: se pierde una solución única frente a condiciones específicas que podrían volverse más comunes con el cambio climático.

El avance de las semillas comerciales
En las últimas décadas, las semillas comerciales —principalmente híbridas— han ido desplazando a las criollas. Su adopción ha sido impulsada por promesas de mayor rendimiento y uniformidad, pero también por políticas agrícolas, mercados y disponibilidad.

Sin embargo, este cambio ha tenido consecuencias:
Reducción de la diversidad genética en el campo
Dependencia de insumos externos como fertilizantes y agroquímicos
Imposibilidad de guardar semilla para ciclos futuros
Pérdida del conocimiento tradicional asociado al cultivo.

Es importante distinguir que no todas las semillas comerciales son iguales, ni todas implican modificación genética en laboratorio. Aun así, su expansión ha contribuido a que muchas variedades locales queden en el olvido.

Más allá del rendimiento: lo que está en juego
El debate sobre el maíz no es únicamente técnico o productivo.

Es cultural, ambiental y social.
México sigue siendo uno de los países con mayor diversidad de maíz en el mundo. Instituciones como CONABIO han documentado la riqueza de razas nativas, mientras que movimientos como Red en Defensa del Maíz advierten sobre los riesgos de perder esta diversidad.

Las semillas criollas no solo alimentan; también representan identidad, autonomía y resiliencia. En un contexto de cambio climático, su valor podría ser aún mayor que el de muchas semillas comerciales.

¿Se ha perdido todo?
Aunque en algunas comunidades la pérdida es profunda y preocupante, no todo está perdido.

En distintas regiones del país aún existen agricultores que conservan semillas criollas, muchas veces en pequeñas cantidades, guardadas como un tesoro familiar.

Estas semillas pueden ser la base de una recuperación, pero el tiempo es un factor crítico. Cada ciclo agrícola sin sembrarlas reduce su presencia y su viabilidad.

Recuperar lo que aún vive

La recuperación del maíz criollo no depende únicamente de grandes instituciones.

También puede comenzar a pequeña escala:
Intercambios de semillas entre agricultores
Creación de bancos comunitarios de semillas
Documentación del conocimiento tradicional
Incentivos para sembrar variedades locales
Reconocimiento del valor cultural del maíz criollo
Más que una tarea técnica, es un esfuerzo colectivo.
Una advertencia para el futuro
La desaparición del maíz criollo en lugares como Bustamante no es solo una pérdida local

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