Por: Lic. Rosbel Bazán López
Mujeres rompen siglos de dominio masculino en el altiplano tamaulipeco, pero el machismo aún resiste
Durante décadas, la vida política en el altiplano tamaulipeco estuvo dominada por hombres, relegando a las mujeres a un papel secundario en la toma de decisiones. Sin embargo, en municipios como Miquihuana, Tula, Palmillas y Bustamante, ellas han comenzado a abrirse paso con determinación, desafiando inercias históricas y estructuras profundamente arraigadas.
En Miquihuana, la brecha la abrió doña Catalina Rodríguez Moreno entre 1978 y 1980, marcando un precedente en una época en la que la participación femenina era casi inexistente. A ella le siguieron Maricela Rodríguez del Valle, Lupita Rodríguez Gámez, María Anselma de León Cruz y, en la actualidad, Gladis Magalis Vargas Rangel, quien ha logrado no solo gobernar, sino también reelegirse, consolidando el liderazgo femenino en el municipio.
En Tula, el panorama ha sido mucho más limitado: solo una mujer ha logrado alcanzar la alcaldía por la vía del voto popular, la profesora Guadalupe Govea Espinoza, quien gobernó de 1993 a 1995. Un caso que evidencia lo difícil que ha sido para las mujeres competir en condiciones de equidad.
Palmillas presenta una historia más constante de avances: Genoveva Córdova Castro abrió el camino, seguida por Laura Córdova Castillo, María de las Nieves Ramírez Compeán y actualmente Sindy Paoleth Monita Ramírez, reflejando una mayor continuidad en la participación femenina.
En Bustamante, la irrupción femenina fue contundente. La doctora Maricela Rodríguez González no solo rompió con más de dos siglos de dominio masculino, sino que se reeligió, cedió el mando y hoy regresa nuevamente a la presidencia municipal, con posibilidades de buscar otro periodo en 2027.
El contraste más marcado se encuentra en Jaumave, donde el poder político sigue siendo un bastión del machismo. En toda su historia, solo ha habido dos mujeres al frente del municipio, ambas en calidad de interinas: la contadora Lucero Villavicencio López y Petra Portales Ortiz.
Ninguna llegó mediante el voto directo, lo que evidencia una resistencia estructural a permitir el liderazgo femenino.
Aunque los avances son innegables, siguen siendo insuficientes.
La presencia de mujeres en el poder municipal continúa siendo limitada, en gran parte por una cultura política que aún desconfía de su capacidad de liderazgo.
El temor a que “no suelten el timón” parece ser más un reflejo de prejuicios que de realidades.
Hoy, las mujeres del altiplano tamaulipeco no solo participan: compiten, ganan y gobiernan. Pero la lucha por la equidad está lejos de terminar.