El comercio, el ixtle y los años dorados del Valle de Jaumave
Por: Lic. Rosbel Bazán López
Hablar de la historia económica de Jaumave, Tamaulipas, es también hablar de la historia de su gente, de sus tierras y, sobre todo, de la lechuguilla y del ixtle. Durante las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del XX, el municipio vivió una etapa de intensa actividad comercial que convirtió a Jaumave en uno de los puntos económicos de mayor importancia de la región que hoy conocemos como el Altiplano Tamaulipeco.
Entre los años de 1890, 1894 y 1895, el comercio de Jaumave era floreciente. La plaza se llenaba de comerciantes locales y foráneos que llegaban procedentes de Tula de Ocampo, Llera y Ciudad Victoria, entre otros lugares. Traían mercancías y productos de distintas regiones, mientras que Jaumave ofrecía principalmente los productos de su propio valle.
Los domingos, la actividad comercial alcanzaba su mayor expresión. Los habitantes de los pueblos vecinos acudían al mercado y la plaza se convertía en un verdadero centro de intercambio. Era tal la cantidad de personas que compraban y vendían que, según la memoria de aquellos años, las voces de la multitud producían un murmullo que podía escucharse a distancia.
LA HERENCIA DE LA FUNDACIÓN
Para comprender aquel desarrollo económico es necesario remontarse a los orígenes de Jaumave.
La tradición histórica local atribuye al coronel español José de Escandón, Conde de Sierra Gorda, fundador de Jaumave, la organización inicial del poblado en 1744. Se trazaron los límites, se señalaron solares y calles y se establecieron las tierras y aguas necesarias para la vida de los primeros habitantes.
Entre las dotaciones de agua se encontraba el manantial que posteriormente sería conocido como “La Media del Pueblo”, destinado principalmente a los servicios domésticos.
También se otorgaron tierras de uso común, conocidas como ejidos, cuya extensión alcanzaba una legua más allá de los límites del pueblo en sus cuatro puntos cardinales. A estas tierras se sumaron terrenos destinados a cada jefe de familia para el cultivo de cereales.
Dichas tierras contaban además con derechos de agua provenientes de los manantiales que hoy se conocen como “De Huizaches”.
De esta manera comenzó a formarse una comunidad que contaba con solares para sus habitantes, tierras para la agricultura y recursos hidráulicos indispensables para su desarrollo.
Aquella organización territorial sería fundamental para la posterior actividad económica del municipio.
Jaumave, una potencia regional
Hacia las postrimerías del siglo XVIII, Jaumave había adquirido una importancia considerable en la región.
Su posición, sus tierras y sus recursos naturales permitieron que la población se convirtiera paulatinamente en un centro de intercambio para los habitantes de las comunidades cercanas.
Sin embargo, con el paso del tiempo, uno de los productos habría de transformar profundamente la economía local: el ixtle de lechuguilla.
La lechuguilla crecía abundantemente en los terrenos del valle y sus alrededores. Los tallanderos aprovechaban esta planta para obtener la fibra, que posteriormente era comercializada.
Durante una etapa temprana, el producto podía venderse libremente a quien ofreciera el mejor precio.
El trabajo del tallandero era arduo. La fibra se obtenía mediante el tallado de las pencas de lechuguilla y constituía una fuente de ingresos para numerosas familias.
EL AUGE DE LAS FINCAS IXTLERAS
Con el crecimiento del comercio, los propietarios de los terrenos lechuguilleros comenzaron a organizar y administrar de manera más directa sus propiedades.
Vigilaron la explotación de la lechuguilla y procuraron que el ixtle obtenido en sus terrenos fuera comercializando a través de sus propios canales.
En algunas fincas se establecieron tiendas para abastecer a los trabajadores y a las familias de la zona. De esta manera el comercio deja concentrase exclusivamente en la plaza de Jaumave y comenzó a distribuirse también entre las diferentes fincas productivas.
Cada finca procuraba contar con una tienda bien surtida creando pequeños centros comerciales de la actividad ixtlera.
Fue en la memoria de la comunidad una época brillante para los terrenos lechuguilleros. El ixtle de Jaumave alcanzó reconocimiento en mercados nacionales y extranjeros. Llegando a ser considerado una fibra de buena calidad y de alto valor comercial.
_ LAS GRANDES FINCAS PRODUCTIVAS
Entre las grandes fincas ixtleras destaca la hacienda de las pilas, que de acuerdo con la tradición local llegó a producir entre siete y ocho toneladas por semana.
También destacaron las propiedades como Santiaguillo el Nopal y el Centinela.
La producción de estás finca era trasladada a ciudad Victoria para su posterior comercialización ( Europa).
En determinados periodos el transporte se realizaba mediante trenes de guayines mientras que las fincas de menor producción utilizaban recuas de burros para trasladar la fibra.
Aquellas caravanas formaban parte del paisaje económico de la época: hombres, animales, caminos y cargas de ixtle concentraban las comunidades de la región.
El ixtle no era simplemente una mercancía. Para muchas familias representaba el sustento diario y para Jaumave constituía uno de los pilares de su economía.
__ LA REVOLUCIÓN Y EL FIN DE UNA ÉPOCA.—
El equilibrio económico comenzó a romperse con la llegada de la Revolución Mexicana. La actividad comercial y productiva se paralizó en buena medida. Las rutas dejaron de ser seguras, el intercambio se redujo y muchas de las estructuras económicas que se habían construido durante décadas quedaron afectadas.
Los tallanderos volvieron a vender su producción directamente a quienes acudían a comprarla, pero aquella relativamente libertad comercial no habría de durar para siempre, con el paso de los años el comercio del ixtle comenzó a concentrarse hasta llegar a un sistema de carácter monopólico asociado con la Forestal.
— LA FORESTAL Y LA CRISIS DEL TALLANDERO.—
La intervención de la Forestal constituyentes en la memoria económica de Jaumave, uno de los episodios más controvertidos de la historia del ixtle.
Para los tallanderos la concentración del comercio significó la perdida de buena parte que anteriormente habían tenido para vender sus productos.
Uno de los principales problemas señalados por la memoria oral y local, fue la retención de pagos y de los llamados remanentes derivados de las cantidades de fibra entregada por los trabajadores.
–ESTO PROVOCÓ INCONFORMIDAD Y NUMEROSOS CONFLICTOS–
La situación se agrava todavía más por otro factor el agotamiento progresivo de los terrenos lechuguilleros.
Las continuas sequías y la explotación constante redujeron paulatinamente la disponibilidad de la planta. Así el tallandero quedó atrapado entre dos dificultades: cada vez había menos lechuguilla y al mismo tiempo las condiciones de comercialización de la fibra eran cada día más desfavorables.
— EL OCASO DE LA ECONOMÍA IXTLERA —
Con el paso de los años aquella economía que había dado prosperidad a numerosas familias comenzó a desaparecer. El tallandero que alguna ves había sido una pieza fundamental en la economía de Jaumave termino entrando en una situación de pobreza y abandono.
La escasez de lechugilla redujo la producción, mientras que los problemas derivados de la comercialización profundizaron la crisis.
La posterior quiebra de la Forestal no significó la recuperación de aquella antigua economía. Para entonces los terrenos habían sufrido fuerte deterioro y la estructura productiva que durante décadas había sostenido a numerosas familias prácticamente había desaparecido.
__ LA MEMORIA DE UN JAUMAVE PROSPERO–
La historia económica de Jaumave no puede entenderse solamente a través de cifras o documentos comerciales, también debe escucharse la memoria de quienes vivieron y transmitieron esas experiencias.
En el recuerdo de los habitantes permanece la imagen de una plaza llena de comerciantes, de los domingos de mercado de las recuas que transportaban mercancías de las fincas con sus tiendas y de los caminos por dónde salían toneladas de ixtle rumbo a Ciudad Victoria.
Fue una economía construida alrededor de la tierra y de una planta del semi desierto.
–LA LECHUGUILLA DIO TRABAJO A GENERACIONES –
El tallandero convirtió su esfuerzo cotidiano en una fibra que llegó a mercados lejanos los europeos. Los propietarios de las fincas organizaron la producción y el comercio y Jaumave en un punto de referencia económica para buena parte del altiplano Tamaulipeco.
La Revolución, los cambios en las formas de comercialización la concentración del negocio, los conflictos derivados de los pagos y finalmente el agotamiento de los recursos naturales fueron cerrando lentamente el ciclo.
Así terminó una época que alguna vez hizo del ixtle uno de los principales motores de la economía de Jaumave.
La historia del ixtle es en última instancia la historia del tallandero: del hombre que con sus manos transformó una planta del desierto en sustento para su familia y en riqueza para una región.