En el periodo de la guerra Civil el Coronel Pomposo Vargas Verdines, hombre sanguinario dejó una estela de horror, así lo refiere el señor Daniel Torres, quien fue  su chofer escribano y pistolero.

El miliciano que se hacía pasar por el dueño de la colonia agrícola la Peña  destacó por su  innata facilidad para matar, fue un verdugo de prisioneros  capturados, pero también de sus propios compañeros de armas que cometían supuestamente traición,  como ya lo hemos descrito en anteriores comentarios.

Pomposo, se adueñó de muchas tierras, después de que acabaron con el cacique español Juan J Castaños, quien era el hacendado más prominente de Miquihuana y la región.

Al coronel lo odiaban muchos campesinos a los que les había “expropiado” sus parcelas y hasta les cobraba derecho de pernada, es decir, que se agandayaba las esposas de los labriegos y hasta se decía que las jovencitas que se casaban antes de dormir la primera noche con su  marido lo hacían con Pomposo. Se han tejido muchas historias de horror sobre dicho militar.

Es por ello, que cuando muere y lo sepultan en el panteón “Iturbide” de Miquihuana (cabecera) un grupo de jóvenes lo sacan de su pomposa tumba, describamos el término, deriva de “pomposus”, que significa “lujoso”  ni de muerto dejo de ser pomposo.

Y- sí, la tumba podía decirse que era <un mausoleo> –“…Monumento funerario”— levantado sobre la tumba de  este personaje.

Son innumerables las historias que se han escrito y difundido de manera oral del cacique de la Peña. Un miquihuanense que ya ha hecho viejo el hueso en la política de dicha comunidad, es uno de los más conocedores de las leyendas urbanas que se han tejido en torno al Coronel Pomposo, fue quien nos comentó que hace muchos años en el municipio de Abasolo Tamaulipas, conoció a un longevo ciudadano  que dijo llamarse  Francisco Alfaro, el cual laboraba de velador de una empresa constructora denominada del NORESTE propiedad del empresario Paco Adame.

El adulto mayor quien en aquellos años frisaba sobre los 70 años, cuidaba las herramientas de  la empresa la cual  se dedicaba a la construcción de canales de concreto hidráulica  para regar las parcelas, le hizo una importante confesión al personaje que nos narra los hechos  que describiremos.

Una vez que sepultaron al Coronel Plomoso Vargas Verdines, en una tumba pletórica de lujos fúnebres, corrió el rumor que lo habían inhumado con su pistola colt  45 con cachas de oro y su sable con empuñadura de planta y Francisco Alfaro y tres jóvenes más  se dispusieron en una lóbrega  noche a desenterrar el cuerpo del Coronel para robar la pistola y el sable.

Pero la sorpresa es que después de la azarosa faena fúnebre, los jóvenes no encontraron nada en la tumba y en esos momentos recordaron que la gente de bien, decía que el difunto era un asesino, un hambreador y muchas cosas más, por lo que decidieron ya no regresarlo al mausoleo.

Por lo que dice muchos años después Francisco Alfaro, que lo enterraron en la entrada al panteón municipal para que los visitantes al camposanto lo pisaran por todo el mal que hizo a la gente de Miquihuana.

A la fecha no se sabe si es realidad o es una leyenda urbana, como muchas que se han tejido en esa población.

 

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