Entre omisiones y sospechas: el caso del “Chemi” en la Viga

 Entre omisiones y sospechas: el caso del “Chemi” en la Viga

Redacción

Tula, Tamaulipas.- El hallazgo del cuerpo de Maximino N, conocido como “El Chemi”, en el ejido Emiliano Zapata, “La Viga”, no solo evidenció una escena trágica, sino que con el paso de los días ha destapado algo aún más grave: la desatención institucional y las inconsistencias en un caso que exige claridad.

A varias semanas del descubrimiento, el cuerpo sigue sin ser entregado a la familia, a pesar de que ya fue plenamente identificado por su propio hermano.

El argumento de los procedimientos periciales se ha convertido, en los hechos, en una barrera burocrática que prolonga el sufrimiento de una familia de escasos recursos. Más aún, obligar al familiar a trasladarse hasta Ciudad Victoria para pruebas de ADN, con costo propio, refleja una desconexión total entre la autoridad y la realidad social de las víctimas.

Pero el punto más delicado no está solo en la tardanza, sino en los indicios que rodean el caso. Maximino no murió por picaduras de abejas, su rostro estaba consumido pero por los animales del monte. Presentaba golpes y diversas fracturas, lo que abre una línea evidente de violencia. A esto se suma un elemento que no cuadra: en el lugar fueron encontradas botellas de vino “Don Pedro”, cuando, según quienes lo conocían, él consumía bebidas más económicas como el Tonaya. Puede parecer un detalle menor, pero en contexto, apunta a la posibilidad de que la escena haya sido manipulada.

“El Chemi” no era una figura problemática en su comunidad. Era un hombre de vida sencilla, dedicado a la recolección de frutos del semidesierto y de miel. Sí, tenía problemas con el alcohol, pero no generaba conflictos ni tenía antecedentes de enfrentamientos con vecinos. Eso hace aún más sospechoso el estado en que fue encontrado.

Lo preocupante es el patrón: una escena con posibles alteraciones, un cuerpo con signos de violencia y una autoridad que, lejos de acelerar, parece dilatar.

La Fiscalía General de Justicia del Estado no solo está obligada a investigar, sino a hacerlo con rigor, transparencia y sentido humano. Hasta ahora, ninguna de esas condiciones parece cumplirse.

Aquí no se trata solo de resolver un caso, sino de evidenciar una práctica que se repite: cuando la víctima es una persona humilde, los tiempos se alargan, los procesos se enfrían y la urgencia desaparece y como si fuera una tradición se queda en carpeta de investigación, la justicia, en esos casos, deja de ser pronta y se vuelve selectiva.

El caso del “Chemi” no puede quedarse en el abandono administrativo ni en la opacidad. Porque más allá de los peritajes y los protocolos, hay una familia que sigue esperando respuestas… y un sistema que, una vez más, parece no estar a la altura.

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